martes, 11 de mayo de 2010

Sr Baron. El regreso del caballero


A las 8:30 comenzó el espectáculo. Estaba la sala a reventar. Claro, era el regreso a la libélula del Sr Baron, una de las bandas más representativas del blues rock bogotano.

El concierto comenzó con un intro algo largo que después se desenvolvió en Police Line, una de las canciones insignias de la banda. Ricardo Zamora, vocalista, cambió su sombrero vaquero por uno de media copa, gesto que se entendió como un nuevo aire para la banda, que asi se demostró en el escenario. La versión atmosférica de Come Togheter , demostró los nuevos sonidos de la banda y la gran calidad de su nuevo guitarrista.

Fabian Diaz, guitarrista, fue el show en esta ocasión. Una impecable presentación hasta con llamada al celular en escenario. Ordenaba a su guitarra que hacer mientras hacia sus solos. Lo que dio la impresión de ser un solido y seguro guitarrista.

Para mí, fue una agradable sorpresa escuchar temas como Café Madrid de la Mississippi Blues Band de Argentina, con un buen ensamble de vientos entre un viejo y opaco sax y la armonica del vocalista.

La constante del concierto fueron los solos de los integrantes de la banda. Extensos por cierto. Que demostraron la capacidad tecnológica de sus pedaleras como su capacidad interpretativa. Dentro del repertorio se escucharon los temas mas conocidos de la banda. Rascal, La risa no existe, Police Line y una buena muestra de los 19 cañonazos del blues, que incluyeron Love me two times de The Doors, Walk this way de Aerosmith (en donde bajaron el tono claramente e hizo a la canción muy lenta frente a la versión original), Mercedes Benz, Cocaine, entre otras. Interpretaron un tema nuevo dentro del repertorio, del que nunca escuche su nombre.

El show de los hermanos Zamora y su renovada banda fue un concierto largo, pesado y sobrio. Sin ningún aspavientos diferente a la buena descarga de blues y rock a la que estamos acostumbrados con el Sr Baron.

viernes, 7 de mayo de 2010

Bluesila. El Bogotazo del Blues

Por: Daniel Pelaez

Era el primer concierto de blues del Festival. La expectativa era grande. Era mas que claro que en esta oportunidad, no solo iban a estar los seguidores acostumbrados de la banda (entre los que me incluyo), era prácticamente la inauguración del Festival de Blues y Jazz.

Alrededor de las 7:30 de la noche, comenzó a llegar el público. El cartel de la entrada mostraba una imagen de la banda con su breve reseña. Era impresión casera, parecía salida de una de esas impresoras antiguas blanco y negro que les suenan hasta los cables. Sonreí. En ese cartelito hecho artesanalmente estaba la esencia del blues.

El Teatro de la Libelula Dorada tiene ese encanto de teatrino pequeño. Del espacio dedicado al arte que ha sido levantado a punta de tesón, empuje y ganas. Tiene una magia que te hace sentir en casa.

Mientras la gente esperaba, detrás de la puerta se escuchaba la prueba de sonido. Se escuchaban Cocaine y los gritos de los músicos. Intimidad. Los que estábamos esperando comprendimos que los músicos estaban tan preocupados por dar un gran espectáculo que estaban ultimando los detalles del show. O bien, simplemente se les hizo tarde.

La puerta corrediza se abrió, y el teatro en un par de minutos se lleno. En el escenario estaba la batería negra iluminada estratégicamente, el bajo azul con el famoso sombrero de vaquero de uno de los iconos del blues bogotano (que parecían una pintura) y por supuesto, la infaltable guitarra negra.

Las luces se apagaron, una pequeña bienvenida al Festival y una gran B apareció en el fondo del escenario. Comenzaron a sonar gritos que me dieron escalofríos. Era Gaitán.

La famosa imagen del billete de mil salía mas de una vez, las imágenes del tragídico 9 de abril y al música atmosférica puso los pelos de punta a mas de un asistente.

“Mami, tengo miedo”- dijo una dulce niñita que estaña sentada a mi lado mientras se acercaba a su madre.

Era como una especie de ambiente lúgubre. Los gritos de Gaitán sonaban, las proyecciones del Bogotazo era fuertes para cualquier alma sensible, entonces apareció uno de los músicos, cogió el bajo azul y matizo los sonidos. Entro el baterista y después el guitarrista también ambientando los gritos con notas lastimeras de blues. Tuve una epifanía, Gaitán en el fondo me hizo rememorar nuestra sangrienta historia. Ese era nuestro blues.

El hombre del bajo cogió el sombrero y se lo coloco. Todo callo. Se escucharan seis golpes en las baquetas y comenzó el concierto. Entro el último de los músicos, el vocalista. Podría perfectamente encontrármelo en la calle, en el bus , en una oficina y jamás hubiera creído que ese hombre fuera un cantante de blues. Una buena amiga me dijo hace algún tiempo: “Todos tenemos algo de Emo”. No, todos tenemos algo de blusero.

Fueron 9 temas. Una descarga completa de blues. Ese teatro en ese momento, fue un mundo aparte. Olvide tomar mis notas como todo buen periodista debe hacer y simplemente me deje llevar.

En el intermedio hable con varios asistentes. Unos buenos amigos “intelectuales” discutían sobre algo que para mi fue invisible, hacían blues en español. La discusión sobre si el blues debe hacerse en ingles o no, termino cuando nuevamente comenzó a sonar la guitarra. Me propuse ser mas objetivo y analizar más a la banda.

Bluesila, un vocalista sobrio y hasta tímido, con muchos aires de salsa en la voz. Un baterista extremadamente versátil que nos puso a gozar con un solo a ritmo de boggie. Un bajista enigmático que me demostró que también puede ser una parte importante del show cuando es enfrento al guitarrista en un duelo de solos que hizo vibrar el púbico. Y por ultimo, pero no menos importante, el guitarrista que parecía tener un PHD en blues. Un estilo sutil y sobrio demasiado blusero para ser colombiano.

Tuve una agradable sorpresa en este concierto. Analizando las liricas, me encontré con canciones que hablan de la cotidianidad de cualquier persona, a veces excéntrica al hablar de un amor erótico por una mama, o a veces un poco mas responsable hablando de la situación de los indígenas en la ciudad.

Uno de mis maestros en la universidad me enseño, que las reseñas deben ser totalmente objetivas. Espero haberlo contrariado.

lunes, 3 de mayo de 2010

La Encrucijada del Hombre Limón

Por: Malatesta

La presentación del Hombre Limón en la XIII versión del Festival de Blues y Jazz de la Libélula me hizo pensar por un instante en esos cuadros fantásticos del Palacio de Versalles en París, accesibles para una élite selecta pero desconocidos para el resto del mundo. Es una pena que una banda con tanta abundancia y desfogue tuviera tan pocos invitados a su cena musical. Más que asistir a un concierto de blues, tuve la impresión de presenciar una juerga entre amigos,  enmarcada en un ambiente de camaradería excesiva entre los protagonistas de la noche: los músicos, su escaso público y las sillas vacías.  

Lo contradictorio del asunto, es que el Hombre Limón no es un grupo que aparece tras un soplo espontaneo como los primeros hombres del Génesis. Como tantas agrupaciones bogotanas, son fruto de la evolución, han tenido que inventarse con el tiempo para consagrarse en escena y ser reconocidos. Por eso en el 2008 alcanzaron uno de sus grandes logros, tocar en el Festival de Rock al Parque, la meca de los músicos colombianos.

Entonces ¿dónde está la falla? Porque una banda con una trayectoria nada desdeñable en los anales del rock no tiene la capacidad de convocatoria suficiente para llenar escenarios más reducidos que Rock al Parque. Es una pregunta que se torna difícil, y más aún cuando se asiste a una presentación en vivo de la agrupación. Hay que descartar la opción de que la banda no tiene seguidores por alguna desavenencia en su sonido o su puesta en escena, por el contrario, escucharlos es un deleite, un festín del alma.  

Al margen de la poca asistencia, el Hombre Limón se mostró seguro en escena.  Tienen una cadencia estridente que aunque no escape del corte convencional, está llena de iniciativas musicales interesantes. Resulta llamativo que no hay liderazgos ni desfases, conducta obligada en el músico virtuoso. Esto demuestra que asumen la música con profesionalismo, cada uno aporta lo que sabe y entra  en el momento en que tiene que hacerlo.

El vocalista, algo dicharachero, mantuvo los ánimos del público e incluso en un momento de la presentación,  tuvo los pantalones para bromear sobre la poca asistencia: “De verdad, gracias por venir, realmente no esperábamos a nadie. No sé porque en Bogotá no hemos pegado como en Titiribí o Ambalema”.

Por otro lado, el bajista, que portaba con honor de bebedor empedernido una camiseta de Jack Daniels, fue el más efusivo de la banda. Las gotas le escurrían tras correr y bailar por todo el escenario buscando alianzas musicales con los otros músicos.  Después de cada canción quedaba agotado, respiraba con avidez, se quitaba el sombrero, (sí, otro bajista de blues con sombrero) y apenas escuchaba el compas inicial de la próxima canción entraba de un nuevo en un trance del que nadie lo sacaba.

El guitarrista, sobrio y mesurado en las primeras canciones, se puso su sombrero de la suerte en la cuarta canción y las cosas cambiaron.  Empezó a desgajarse, a sentir la convulsión del instrumento y fue tanta su pasión, que en un country que interpretó la banda bailó como el experto polkista que lleva escondido en sus adentros.

El baterista, algo socarrón, también bromeó con el público, aprovechaba los inicios de cada canción para lanzar el chascarrillo respectivo. En la parte musical sobresalió en los coros, donde se nota un trabajo vocal conjunto con la voz principal. Sobra decir que los arreglos en la batería  hacer logran un refinamiento musical que agradable al espectador.

En síntesis, El Hombre Limón es una banda concisa, se nota el tiempo que han pasado juntos y sobre todo la pasión con que se entregan a la  tarea vertiginosa de hacer blues.  Sus virtudes opacan sus defectos,  eso es definitivo y es uno de los factores que inclina la balanza hacia el reconocimiento. Esperemos, sepan aprovecharlo.
Distrito Blues Rock